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CUANTO MÁS DINERO SE TIENE, MENOS SE SONRÍE

Juan Manuel Corcuera, español de treinta y siete años de edad, observó tres cosas que le hablaban con gran preocupación.

Primero, era su cuenta bancaria. Ya tenía su primer millón de dólares.

Segundo, era el espejo. Tenía un rostro demasiado serio, surcado de arrugas prematuras, con bolsas debajo de los ojos.

La tercera era algo que leyó en un artículo publicado en una revista británica: "

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